Antes de empezar...

La escena del criminólogo es un diario destinado a relatar desde las historias más lúgubres y macabras que la Criminología y el mundo ha podido observar, hasta los nuevos avances, teorías y conceptos relativos a la misma. Además, se hablará de la actualidad criminológica desde la perspectiva de un futuro criminólogo, así como de las salidas, posibilidades, etc.

jueves, 3 de febrero de 2011

Ted Bundy: asesino en serie organizado.

Nació en 1946 y fue rechazado por su madre que lo consideraba una vergüenza para la familia, tratándolo como si fuese su hermano. Las secuelas de este rechazo se mostraron en su timidez y soledad. Debido a tal rechazo tuvo que criarse en casa de su abuelo, quien golpeaba a su mujer constantemente. Empezó a mostrar indicios psicopáticos porque desde niño se divertía mutilando animales. Más tarde, cuando creció, estudio Derecho y durante la licenciatura mató a su primer víctima.

Asesinaba a mujeres de pelo largo y oscuro, muy relacionadas con el aspecto de una ex novia (quizás la primera). En cuanto a su modus operandi, comenzó con uno que con el paso del tiempo cambió:

  • Modo discreto: el cual usaba al principio de asesinar, lo cual hacía normalmente de noche. Seguía a su víctima por la calle, luego la estrangulaba y la golpeaba en su casa. Una vez muerta la sodomizaba con el miembro u objeto que tenía a mano mientras mordía su cuerpo.

  • Modo social: tras varios asesinatos, trasladándose a un horario de día. Con su atractivo y personalidad se paseaba por supermercados pidiendo ayuda a mujeres para conducir su coche (Wolkswagen) fingiendo que tenia un brazo roto. Utilizaba su carácter manipulador para convencer a las mujeres.

Sus crímenes se extienden por todo el Estados Unidos hasta que es arrestado de 1974. Sin embargo logra escapar y desaparece durante más de dos meses, período éste en el que asesina a tres jóvenes de 12 años. Cuando ya fue detenido al tiempo confeso el motivo de sus asesinatos: “la rabia que he estado desahogando con las mujeres que maté, estaba dirigido a mi madre”.

Los informes sobre él hablaban de cambios de humor, impulsividad, sin emociones, doble personalidad, afán de protagonismo, rechazo social (…). Fue condenado a morir en la silla eléctrica. La principal prueba de su culpabilidad fueron los mordiscos que dejaba en los cadáveres, que coincidían con sus dientes.

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