Tras esto, siguió trabajando sobre este tema, sobre la detección de las emociones en las personas. Y un día, descubrió algo quizás igual de importante que la universalidad de estas siete emociones, las microexpresiones: expresiones de alguna de las siete emociones básicas que se dan, total o parcialmente en la cara, moviendo casi todos los músculos implicados en la emoción correspondiente durante menos de un segundo. Este descubrimiento, tan irrelevante que parece contado así, no sólo reafirma la hipótesis de Darwin y Ekman, sino que además, nos permite detectar qué sienten las personas, e incluso, llegando un poco más allá, la correspondencia entre lo que dicen con las palabras y lo que dicen con su cuerpo.
Es cierto, que ni única, ni exclusivamente las microexpresiones nos muestran esto. Hay muchos tipos de acciones que nos lo muestran como son los "manipuladores", los cuales aumentan con el nerviosismo y la excitación, ambos muy presentes en el proceso de la mentira.
En definitiva, todas estas cosas estudiadas por Ekman podrían ser utilizadas para mejorar en el campo de la investigación criminal, porque aunque siguen sin servir en un juicio, este lenguaje no verbal puede ayudar a los investigadores a saber que rumbo tomar a la hora de interrogar a un sospechoso, además de detectar si miente.
*Para más información sobre el tema, recomiendo las lecturas de "Cómo detectar mentiras" de Paul Ekman, o "La psicología de la mentira" de José María Martínez Selva.
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